Aunque el Consejo de la Unión Europea advierte a los Estados miembros de la necesidad de adoptar medidas y políticas para prevenir “los efectos nocivos que, se sabe, pueden resultar de la exposición a campos electromagnéticos” (recomendación de 12 de julio de 1999), en nuestro país la administración se empeña en sembrar de antenas nuestras azoteas.