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LISTADO DE AAVV DE LA COMUNIDAD DE MADRID
Los claroscuros científicos sobre las consecuencias de la exposición a los campos electromagnéticos aconsejan prudencia. En estos casos, las autoridades sanitarias han de someterse al principio de la prevención, algo que no siempre sucede.
El Congreso, organizado por la Asociación Española Contra el Cáncer, reunió a expertos de la talla de Enrique Gutiérrez Bueno, decano presidente del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicaciones, Vicente Guillem Porta, jefe del servicio de Oncología Médica del Instituto Valenciano de Oncología, el catedrático de la Universidad de Valladolid y miembro del Comité de Expertos en España, Juan Represa o María Pollán, jefa de la Unidad de Epidemiología del Cáncer del Instituto de Salud Carlos III. La mayor parte de las exposiciones de los expertos apuntaron al hecho de que no existe ninguna evidencia científica que confirme una relación causa-efecto entre los campos electromagnéticos de baja frecuencia y la incidencia de tumores o bien porque las radiaciones no ionizantes (las que tienen su límite por debajo de la luz visible) y que abarcan las ondas de televisión, microondas, líneas de alta tensión, entre otras) no tienen la energía necesaria para alterar la estructura del organismo y generar cáncer, porque los límites de seguridad se encuentran en un valor hasta 50 veces por debajo de los que la ciencia garantiza para evitar posibles efectos biológicos o porque las empresas responsables de las antenas de telefonía móvil realizan exhaustivas inspecciones periódicamente. Estas son algunas de las razones expuestas en el seminario para concluir que no existe ninguna evidencia científica que demuestre la asociación entre la exposición a campos electromagnéticos y enfermedades como el cáncer. No obstante, todos ellos admitieron que "es necesario seguir investigando", no porque el tema genere algún tipo de incertidumbre, sino porque la tecnología cambia y las condiciones sanitarias de la población también varían.
La percepción de la ciudadanía, sin embargo, apunta en sentido contrario. Según una encuesta, realizada por Demoscopia a instancias de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) –Campos electromagnéticos y salud: Información y percepción de riesgo en la población general- para la mitad de los españoles, hablar de campos electromagnéticos y antenas de telefonía móvil, es sinónimo de enfermedad, y en su versión más negativa, de cáncer. Parece, además, que las lagunas científicas pueden dar un margen a este tipo de percepciones. Según el Proyecto Internacional de Campos Electromagnéticos (EMF) de la Organización Mundial de la Salud, que recopila la información científica disponible sobre el impacto de la telefonía celular en la salud humana, “las lagunas científicas con respecto a los efectos biológicos de los campos electromagnéticos requieren más investigaciones”.
En este sentido, tanto la FRAVM como la Asociación Vallisoletana de Afectados por Antenas de Telecomunicaciones ponen de manifiesto que, en el mencionado seminario, “las ponencias que hicieron referencia directa a los efectos de los campos electromagnéticos (CEM) sobre la salud incluyeron importantes contradicciones respecto a la posibilidad de que puedan influir en el desarrollo de enfermedades”. Como muestra de lo señalado, “todos los expertos coincidieron en señalar que hay que seguir investigando. Exponemos a continuación algunas de las reflexiones maduradas a la luz de la información expuesta en el mencionado seminario:
Por lo anteriormente expuesto, ambas entidades consideran que se ha utilizado el buen nombre y el prestigio de la Asociación Española contra el Cáncer para divulgar un mensaje engañoso, una actuación que comporta un riesgo sanitario por su capacidad para influir en los comportamientos y hábitos de los ciudadanos. Por todo ello, apelan a la responsabilidad de las autoridades sanitarias de nuestro país para que situaciones como ésta no vuelvan a repetirse.
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